Evitar la obesidad: un esfuerzo individual y de toda la sociedad

Protomedicos | Noel Rojas Bonet | Septiembre 24, 2008 at 22:46

Fernando Rodríguez Artalejo. Universidad Autónoma de Madrid
Paloma Fernández Cano. Merck Sharp & Dohme

Coordinadores del Encuentro sobre Estrategias Poblacionales de Prevención y Control de la Obesidad en España

Este es otro artículo promocional acerca de la Escuela de Verano sobre Salud Pública, que se celebra en Menorca.
La obesidad es un importante problema de salud pública en España por tres razones. Primero, por su elevada frecuencia en todos los grupos sociales, y en especial en los menos favorecidos. Segundo, por su gran crecimiento en las últimas décadas. Tercero, porque aumenta el riesgo de muchos problemas de salud (diabetes, artrosis, enfermedad cardiovascular, cáncer, trastornos de salud mental, etc.), y produce discapacidad y muerte prematuras. Como consecuencia de ello, la obesidad también se asocia a mayor absentismo laboral y uso de servicios sanitarios.

Sin embargo, las respuestas clínicas frente a la obesidad resultan insuficientes, por la limitada eficacia de los actuales tratamientos y por el gran número de pacientes que sería necesario atender de forma crónica. Por ello, la “prevención” de la obesidad es la estrategia de mayor utilidad potencial. Las intervenciones preventivas pueden dirigirse tanto a los individuos – en consultas clínicas entre profesionales sanitarios y personas con alto riesgo de enfermar- como al conjunto de la población, incluyendo a los que todavía no tienen sobrepeso y a los que ya lo tienen, para evitar que sigan ganando peso.

Aunque en un principio las intervenciones en el conjunto de la población han sido promovidas por profesionales de la salud pública, cada vez se hace más evidente que, para que sean eficaces, deben ser responsabilidad de casi todos: de los profesionales sanitarios, las familias, los educadores, las empresas de restauración, de alimentos y bebidas, de material deportivo, etc. Y también, por supuesto, de los llamados “poderes públicos” elegidos por todos: los gobiernos, central, autonómicos y municipales.

Las intervenciones preventivas de la obesidad en los individuos y en las poblaciones son complementarias. Pero las intervenciones en la población tienen mayor posibilidad de beneficios importantes. Ello se debe a que el incremento del riesgo de muchas enfermedades asociado a la obesidad aumenta de forma continua con el peso, incluso desde valores prácticamente normales. Por ejemplo, el riesgo de diabetes- una de las plagas que se nos avecinan si no hacemos algo pronto- aumenta poco a poco desde valores de peso considerados normales. Otra razón para el mayor beneficio de las intervenciones poblacionales es que el peso corporal medio ha aumentado en los últimos años tanto en los obesos como en los no obesos.

La buena noticia es que prevenir el exceso de peso corporal es teóricamente fácil: basta con reducir la ingesta de energía con los alimentos, para adaptarla al gasto calórico. También se puede aumentar dicho gasto realizando más actividad física. Pero la mala noticia es que hasta ahora ningún país ha controlado el problema, por lo que la frecuencia de obesidad sigue aumentando. Ello se debe a que las causas de la obesidad no son sólo las conductas individuales, sino además el ambiente social que condiciona estas conductas, sobre el que es difícil actuar. Los esfuerzos de la mayoría de los sujetos por comer “sano” y en la cantidad adecuada a sus necesidades, y de aumentar o al menos mantener la actividad física a lo largo de la vida, están condenados al fracaso si no se les ayuda. En algunos casos, la ayuda pueden ser los fármacos. Pero siempre serán necesarios otros tipos de ayudas: información suficiente sobre lo que se debe y no comer; etiquetados nutricionales suficientemente informativos y claros; limitación de la publicidad engañosa sobre fármacos o complementos alimentarios “milagrosos” para el control del peso; actividades de concienciación sobre los riesgos de la obesidad (a menudo son las creencias erróneas de las propias familias las que favorecen la obesidad en los hijos); conocimientos suficientes de cocina que permitan elaborar menús sanos y al mismo tiempo sabrosos; accesibilidad suficiente a instalaciones deportivas o medios ambientes seguros para la actividad física; asignaturas de educación física de calidad impartidas en la escuela; promoción de la actividad física en adolescentes y jóvenes universitarios; control familiar del número de horas de televisión y de videojuegos; urbanismo que promueva el ejercicio, políticas comerciales que favorezcan a los alimentos saludables, etc. Todo esto no puede llevarse a cabo sin el esfuerzo de toda la sociedad, coordinado y promovido por los poderes públicos.

El otro factor limitante del progreso en la lucha contra la obesidad es que, de momento, sólo conocemos un pequeño número de intervenciones eficaces. Todas las intervenciones listadas más arriba van en la buena dirección; pero no siempre conocemos quiénes son los que más se pueden beneficiar de ellas; o cuánto tiempo hay que mantener la intervención; o la mejor forma de llevarla acabo. Además, nos vendría bien estimular la creatividad para proponer nuevas intervenciones frente a un problema socialmente complejo como la obesidad. En los próximos días, algunos de los mejores expertos españoles se reunirán en Mahón para hablar de todo esto: de las estrategias poblacionales que “funcionan” y de las que no, y sugerirán nuevas intervenciones para que sean posteriormente evaluadas por los investigadores en este campo.

El punto de partida para el trabajo son las intervenciones poblacionales que ya han demostrado eficacia, en otros países y en España. En nuestro país, muchas de estas intervenciones forman parte de la Estrategia Naos, que tan buenos resultados está dando gracias al impulso del Ministerio de Sanidad y Consumo en colaboración con las comunidades autónomas. De hecho, la participación de numerosos sectores sociales en esta estrategia (profesionales sanitarios, asociaciones de consumidores, la empresa privada, los educadores etc.), junto a los poderes públicos, refleja una idea compartida: “La mayoría de las personas actuando solas no podrán ganar la batalla de la obesidad. Pero, todos juntos podremos.”

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